Dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios

Miércoles 17 de Octubre de 2018

San Ignacio de Antioquía, Obispo, Mártir (Memoria)

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San Ignacio de Antioquia, “Donde está el obispo está la comunidad, así como donde está Jesucristo está la Iglesia católica”

Primera Lectura Gálatas 5:18-25

Salmo Responsorial 1:1-4, 6

Evangelio según San Lucas 11:42-46

Pero, ¡ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello.¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas!¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!»Pero él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!

Reflexión de un laico.

El comportamiento del fariseo o como de los doctores, eran comportamientos que alejaban a muchos, hacían ver a muchos que la Fe como algo exclusivo. He escuchado testimonios de personas que han llegado a sentirse excluidos por razones diversas, Dios no atropella las decisiones ni la libertad de quienes se alejan pero tampoco admitiría que se formulen ideas que no son ciertas de la Iglesia, las respeto pero no comparto. Durante un tiempo he aprendido a ver a nuestra Iglesia como un Hospital de Almas, Jesús el Doctor y Dios el Dueño, El Espíritu Santo Auxiliar del administrador, nosotros el pueblo somos los enfermos pero a la vez somos los que también asistimos colaborando a la Administración. Ayudamos a que otros vengan a sanar y también a seguir ayudando al Administrador. El Doctor llama y sana mas también entre comunidad necesitamos de los demás.

Es inevitable que el Evangelio haga retumbar en ocasiones nuestra consciencia, pero ese llamado es para corregirnos y seguir aprendiendo a no quedarnos en el caparazón de la arrogancia. El Evangelio siempre da frutos, siempre habrá un testimonio de alguien que nos alienta a seguir fiel a la palabra.

Que nuestro Padre siempre nos abra el camino hacia el encuentro con los demàs.

 

 

 

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