Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido

9 de Noviembre 2018

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LECTURA DEL DÍA

Flp 3, 3-8

Hermanos: El verdadero pueblo de Israel somos nosotros, los que servimos a Dios movidos por su Espíritu y ponemos nuestra gloria en Cristo Jesús y no confiamos en motivos humanos. Aunque yo ciertamente podría apoyarme en tales motivos. Más aún, nadie tendría más razones que yo para confiar en motivos humanos, porque fui circuncidado al octavo día, soy israelita de nacimiento, de la tribu de Benjamín, hebreo e hijo de hebreos; en lo que toca a la interpretación de la ley, fariseo, y tan fanático, que fui perseguidor de la Iglesia de Dios; y en cuanto a la rectitud que da el cumplimiento de la ley, intachable.

Pero todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo. Más aún, pienso que nada vale la pena en comparación con el bien supremo, que consiste en conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por cuyo amor he renunciado a todo, y todo lo considero como basura, con tal de ganar a Cristo.

EVANGELIO DEL DÍA

Lc 15, 1-10

En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharlo; por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: “Este recibe a los pecadores y come con ellos”.

Jesús les dijo entonces esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’. Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.

¿Y qué mujer hay, que si tiene diez monedas de plata y pierde una, no enciende luego una lámpara y barre la casa y la busca con cuidado hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la moneda que se me había perdido’. Yo les aseguro que así también se alegran los ángeles de Dios por un solo pecador que se arrepiente”. Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.

Reflexión de un laico.

Tuvo que haber sido un acontecimiento muy fuerte para los fariseos ver a Jesús sentarse a comer con los publicanos. Recordemos el Evangelio de hace unos días referente al banquete (Lc 14:15-24); Jesús es el servidor y sale en búsqueda de todos, todos estamos invitados. Así hoy nuevamente pero en otra parábola nos recuerda que Dios tiene presente a todos sus hijos y quiere que todos sus hijos se salven, por eso su misericordia es infinita que perdona absolutamente todo, somos sus ovejas y Jesús el Pastor. sabiamente Jesús como Hijo de Dios siempre tiene una respuesta para los fariseos que buscaban siempre probarlo.

Así como San Pablo nos da testimonio en la primera lectura, así muchos hombres y mujeres enderezan y muchos mas enderezaran sus caminos porque El Pastor nunca se olvida de sus ovejas, El sabe cuando una esta perdida, sale a buscarla. Pienso que el testimonio de cada uno es una luz y debe ser señal de alegría en la comunidad.

 

 

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