Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré

Hoy, viernes, 9 de noviembre de 2018
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Lectura

1 Cor 3, 9-11. 16-17

Hermanos: Ustedes son la casa que Dios edifica. Yo, por mi parte, correspondiendo al don que Dios me ha concedido, como un buen arquitecto, he puesto los cimientos; pero es otro quien construye sobre ellos. Que cada uno se fije cómo va construyendo. Desde luego, el único cimiento válido es Jesucristo y nadie puede poner otro distinto.

¿No saben acaso ustedes que son el templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Quien destruye el templo de Dios, será destruido por Dios, porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo.

EVANGELIO DEL DÍA

Jn 2, 13-22

Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.

En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.

Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?” Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”

Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho. Palabra del Señor, Gloria a Ti Señor Jesús.

Meditación de un laico:

Situándose en la época, en El Templo había mercadería y animales debido a que se hacían holocaustos, el tamaño del animal sacrificado se veía también que estatus social provenía la persona, desde un buey o cordero o hasta palomas en caso de ser pobres (ver Lucas 2,22-39). Por supuesto que el sacrificio no era algo inventado por ellos ya era algo que venían siguiendo de la Ley de Moisés, una tradición.

Cuando Jesús mencionaba de edificarlo en tres días;  hablaba de su oblación y resurrección al tercer día, dicha tradición del holocausto dejaba de tener un valor. Era la llegada del nuevo mandamiento ( Marcos 12,28-34), era el mandamiento del amor al prójimo, basado en la libertad. Así como menciona San Pablo en su carta: Cristo el centro y base de nuestra Fe.

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