Señor, ensénanos a orar

Miércoles 10 de Octubre de 2018

Primera Lectura Gálatas 2:1-2, 7-14

Salmo 117:1-2
Evangelio según San Lucas 11:1-4
Y sucedió que, estando él orando en cierto lugar, cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: «Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos.» El les dijo: «Cuando oréis, decid: Padre, santificado sea tu Nombre, venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano, y perdónanos nuestros pecados porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe, y no nos dejes caer en tentación.»
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Jesús orando a Nuestro Padre en el Gethsemani, autor: Heinrich Hofmann, 1890.

Reflexión desde el pueblo  Laico

A diferencia del Evangelio según San Mateo 6:9, en el Evangelio de San Lucas, el Evangelista lo escribe mas corta. Esta es la oración por excelencia que nuestro Maestro nos enseñó durante su vida publica. Con esta oración le estamos pidiendo a nuestro Padre todo lo que necesitamos día a día. Y si hacemos un repaso de nuestra vida es precisamente lo que el Padre nos da: el perdón de los pecados y la capacidad de perdonar a nuestro prójimo, nuestro pan de cada día al poder tener siempre alimento para el cuerpo como para el alma, cuando suplicamos a nuestro Señor a no caer en lastimar a nuestros hermanos o darnos la sabiduría para reconocer y elegir no hacer el mal. En nuestra oración también reconocemos a Dios Padre como el centro de nuestra vida y ser nuestro creador.

Alguien ya le escuchaba hace unos meses, me decía que cada oración a nuestro Padre siempre es escuchada y que jamas sera olvidada ni rechazada. Atrevernos a buscarlo en la Oración día a día, es un paso de confianza a El y aceptar ser amados por El. Recordemos el Evangelio de Ayer Martes: tendremos afanes en nuestro día pero necesitamos de la contemplación primero para ir a la acción-

Pidamos a Nuestro Padre que nos de la confianza día a día para caminar según su voluntad.

María ha elegido la parte buena, que no le será quitada

Martes 9 de Octubre de 2018

Primera Lectura Gálatas 1:13-24

Salmo Responsorial Salmo 139:1-3, 13-15

Evangelio segun San Lucas 10:38-42

38Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.39Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra,40mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.»41Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas;42y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada.»

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Reflexión de un laico.

Marta y Maria, dos hermanas y ambas estaban en presencia del Maestro. Una lo escuchaba y otra servia, no había ningún mal en lo que hacia Marta, servia a El Maestro que también es importante. Maria eligió escuchar a El Maestro. Ocurre igual en nuestra vida como laicos,nos atareamos mucho pero también necesitamos momentos de silencio, momentos de oración, escucharlo a El.

Hacer un paréntesis en nuestro día para escucharlo; nuestra modo de oración se va a ir desarrollando a lo largo de nuestra vida, ella va madurando y dando frutos con el tiempo, nuestras experiencias y determinadas circunstancias nos harán madurarla como también puede mantenernos cerca al Maestro. Tampoco podemos caer en irnos en algo radical que se convierte en hiriente al prójimo o caer en una indiferencia dejando relegado al Maestro como algo accesorio.

Pidamos a nuestro Dios Padre que por medio de nuestra oración diaria aprendamos cada día a escucharlo a El.

 

Vete y haz tú lo mismo

Lunes 8 de Octubre de 2018

Lecturas del dia: Gálatas 1:6-12

Salmo 111:1-2, 7-10

Evangelio segùn San Lucas 10:25-37

25Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: «Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?»26El le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?»27Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.»28Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás.»29Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?»30Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto.31Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo.32De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo.33Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión;34y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él.35Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.”36¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?»37El dijo: «El que practicó la misericordia con él.» Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo.» Palabra de Dios.

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Reflexión desde el pueblo laico.

Parábola del Buen Samaritano, llamado a la Misericordia. Primero, recordemos que para el pueblo Judio los Samaritanos no eran bien vistos y recordar la cantidad de preceptos que cargaba el pueblo de Israel que los limitaba en las acciones. Partiendo de allí medito que El Maestro resalta a un foráneo en la parábola, y que para el Mandamiento de Dios no existe una selectividad sobre a quien amar ni tampoco un limite de acciones para amar al prójimo.

No confundamos la Misericordia con lastima, tengamos claro estos conceptos, La Misericordia viene de la voluntad de atender y ser solidario con quien sufre, lastima es un sentimiento mas no impulsa una acción, es pasajero.

Nuestra Madre Iglesia nos incentiva siempre realizar actos de Misericordia, recordemos que en medio de la misericordia somos Cristo en el mundo, hago mención de los distintos actos de misericordia que podemos hacer, no hay una medida sobre cuanto dar y queda en nosotros:

Obras de misericordia espirituales

  • Enseñar al que no sabe.
  • Corregir al que se equivoca
  • Dar buen consejo al que lo necesita
  • Perdonar las injurias.
  • Consolar al triste.
  • Sufrir con paciencia los defectos del prójimo.
  • Rogar a Dios por los vivos y difuntos.

Obras de misericordia corporales

  • Visitar y cuidar a los enfermos.
  • Dar de comer al hambriento.
  • Dar de beber al sediento.
  • Dar posada al peregrino.
  • Vestir al desnudo.
  • Visitar a los presos.
  • Enterrar a los difuntos

Pidamos a nuestro Dios Padre por medio de los actos de misericordia descubramos el amor autentico que nos propone nuestro Señor Jesucristo en el  Evangelio.